Perdón y sanación interior

Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?

(Mc 10, 17)

+Benito Rodríguez

Monje benedictino

El Papa Francisco ha dado un “puntapié inicial” para poner en movimiento un proceso de reconciliación, que estaba como empantanado. Apunta, sin duda, a una reconciliación eclesial, pero tiene claro cuál debe ser el punto de partida: sanar los corazones desgarrados. Así fue como sus dos enviados lo primero que hicieron fue abrir un espacio para que pudieran hablar quienes tienen aún heridas abiertas, y supieron hacerlo de tal manera que ya esa primera instancia abrió una ventana en nuestra Iglesia de Chile por donde comenzó a circular como una brisa de aire fresco. El segundo paso del Papa fue llamar a Roma a algunas de esas personas heridas, para escucharlas personalmente y sin intermediarios, y decirle a cada una, mirándola a la cara, “yo te pido perdón”. Así, de esta manera tan elemental, se han comenzado a mover esas aguas que estaban estancadas y ya comenzaban a oler mal, en nuestra Iglesia de Chile. Porque la reconciliación interior no es posible hasta que la persona herida no puede expresar abiertamente su dolor, un dolor que a veces ha sido reprimido de tal manera que, se ha transformado primero en una tristeza autodestructiva hasta que, finalmente, irrumpe en una ira violenta, aparentemente inexplicable, contra los demás. ¿Qué ha sucedido para que se produzca algo así? Es una pregunta que es importante hacernos, porque hoy en nuestra sociedad se van manifestando tantos signos de violencia que amenazan la posibilidad de una convivencia pacífica entre las personas … y quizás también tengan un mismo origen.

En los evangelios vemos cómo la autoridad de Jesús se manifiesta en el poder que tiene para expulsar a los demonios, a los que llama también espíritus inmundos. En nuestra sociedad actual también siguen actuando con gran fuerza estos espíritus inmundos, especialmente a través de esas heridas emocionales que dejan a las personas muy vulnerables. En el caso del abuso contra personas que son muy vulnerables se produce un enmudecimiento, la persona guarda silencio, y va quedando como sujeta a ese espíritu mudo que, desde la herida, la va atando, entristeciendo, culpabilizándola, exacerbando un sentimiento de vergüenza autodestructivo … este espíritu mudo es en definitiva un espíritu de muerte … pero que, con el tiempo, se va transformando en un espíritu de rencor, ira, odio, violencia … sigue siendo un espíritu de muerte, pero que no se conforma con provocar la muerte de la persona donde lo habita desde su herida … sino que ahora busca la muerte de los demás … a través de la ira, el odio, la violencia …

Cuando Jesús liberaba de esos espíritus inmundos se producían unos gritos tremendos, que estremecían a quienes eran testigos. El grito, la ira no es necesariamente algo malo, sino que puede ser visto como un signo de salud, de liberación. El que ha estado mudo, autodestruyéndose con su dolor, ahora puede comenzar a exteriorizarlo, gritarlo … y si se encauza y trabaja bien, esa ira podrá ser inicio de un nuevo comienzo … siempre que la ira no se instale con carta de ciudadanía permanente … como antes había sido con el mutismo.

Pero en realidad, “el puntapié inicial” de este proceso de reconciliación interior lo han dado, en primer lugar, esas mismas víctimas de abusos sexuales, de poder y de conciencia que, con esfuerzo y perseverancia, incluso contra toda esperanza o teñidas de descrédito no se cansaron de buscar la verdad … y de aquellos que en su momento les creyeron y acompañaron[1]. Y el Papa les agradece públicamente la valentía y perseverancia que mostraron, porque fueron ellos en definitiva quienes han desencadenado este proceso de purificación, conversión … y reconciliación que estamos comenzando a vivir … Pero a los obispos y representantes de la autoridad en la Iglesia, nos hace una corrección fraterna, aunque desprovista de toda odiosidad … por querer dar vuelta la página demasiado rápido y no asumir las insondables ramificaciones de este mal; o porque no se tuvo el coraje para afrontar las responsabilidades, las omisiones y, especialmente, las dinámicas que han permitido que las heridas se hicieran y se perpetuaran en el tiempo; quizás por no tener el temple para asumir como cuerpo esa realidad en la que todos estamos implicados, yo el primero, y que nadie puede eximirse desplazando el problema sobre las espaldas de los otros; o porque se pensó que se podía seguir adelante sin reconocer humilde y valientemente que en todo el proceso se habían cometido errores.[2]

 

¿Por qué el Papa Francisco se ha empeñado tanto con nosotros, al punto de invitar personalmente a algunas personas a Roma para acogerlas, escucharlas, pedirles perdón en nombre de la Iglesia … y en nombre del mismo Jesús? Cuando leo la parábola del buen samaritano (ver Lc 10, 29-39) me parece encontrar una cierta clave de interpretación. Cuando vino a Chile el Papa Francisco da la impresión que quedó sorprendido y algo desconcertado: se encontró con una Iglesia herida, asaltada, desnuda, tirada en el camino … que había sido maltratada, violentada y robada por unos asaltantes … y no me refiero a una institución, porque la Iglesia no son primariamente sus instituciones ni sus estructuras … sino que, al decir Iglesia, me estoy refiriendo a ese Santo Pueblo fiel de Dios, conformado por personas con cuerpo, mente y espíritu … Creyentes que fueron maltratados en su camino a Jerusalén por unos asaltantes que se habían disfrazado de una cierta autoridad, de santidad, de paternidad … Con eso se encontró el Papa Francisco al venir a Chile, y no estaba en el programa … como cuando detuvo el papa móvil por respeto a esa mujer carabinero que había sido botada del caballo y podía estar herida … Y el Papa Francisco se detuvo, hizo detener a su comitiva … porque reconoció a una Iglesia que estaba tirada y herida en el camino … y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándoles sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva” (ver Lc 10, 21 -37) … Pero el Papa Francisco, al igual que ese buen samaritano, tiene que seguir su camino … y ese hombre herido tiene que seguir su recuperación en la posada … de la mano, ya no del Papa, sino del mismo Jesús …

La reconciliación interior es un camino que no es optativo, sino necesario para quien desee realmente ponerse en camino hacia la Casa del Padre. Porque en definitiva se trata de sanar y restaurar una identidad a la cual por vocación, según lo entendemos los cristianos, todo estamos orientados: la identidad de ser hijos amados de un Dios que es Padre y que es bueno. Cuando se ha sido abusado, en la infancia, o en la edad adulta, por alguien en quien se había depositado una confianza, se produce como una fisura interior muy honda, la cual se agrava aún más cuando se tiene la sensación de ser ignorado por esas autoridades de quienes se espera cuidado y protección. Entonces el niño herido queda como encapsulado en algún lugar remoto de nuestra interioridad que, si es que lo logra, podrá salir afuera sólo haciéndose una gran violencia, con valentía y perseverancia … Y es, de alguna manera, esta violencia con la que el Papa se encontró en su visita a Chile … y él supo mirarla con los ojos de Jesús, y por esto reconoció en ella un grito que venía desde lo profundo de una herida, reprimida y oculta por mucho tiempo …

Sanar el corazón herido es algo así como disponernos para cruzar ese umbral que nos introduce en el Reino de Dios, un lugar que, más que geográfico, quizás podamos asociarlo a algo temporal, y que de alguna manera quizás ya pudimos tocar cuando fuimos verdaderamente niños, es decir, en la edad aquella en que vivir era soñar … Me sirvo de un poema, que me dijeron lo compuso Unamuno, para concluir este punto:

“Agranda la puerta, Padre

porque no puedo pasar.

La hiciste para los niños,

yo he crecido a mi pesar.

Si no me agrandas la puerta,

achícame por piedad.

Vuélveme a la edad aquella

en que vivir era soñar”

Casa y escuela de comunión …

Desde la edad aquella en que vivir era soñar … ahora podremos encaminarnos, con un corazón más pacificado, hacia una meta aún mayor: la de una Iglesia de Chile que pueda ser verdaderamente casa y escuela de comunión … Y tenemos dos buenas razones para intentarlo: para que sea creíble nuestro anuncio del evangelio … y como un aporte a la paz y reconciliación en nuestra patria … Pero ¿cómo hacerlo? … Lo primero, pienso, es no ser ingenuo … porque la comunión que buscamos es algo más que aspirar a formar una especie de club de amigos … lo que nos toca a nosotros es disponernos, poner las condiciones, para recibir este don … porque como le dice Jesús a Nicodemo … el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios (ver Jn 3, 5) … y la comunión a la que somos llamados está como insinuada en ese banquete de bodas que, en algunas parábolas, nos quiere dejar entrever una imagen del Reino de Dios.

Simplemente menciono y desarrollo a continuación algunas pistas, a partir de los mensajes del Papa a la Iglesia de Chile, y de los evangelios … para disponernos a recibir el don de la comunión …

Humildad

Si nos dejamos guiar por el evangelio, vemos que Dios busca reconciliarse con nosotros viniendo a nuestro encuentro humildemente (ver Filipenses 2, 6-11) … Y es precisamente ese el punto de partida que no señala Francisco …

El reconocimiento sincero, orante e incluso muchas veces dolorido de nuestros límites es lo que permite a la gracia actuar mejor en nosotros … Esta conciencia de límite y de la parcialidad que ocupamos dentro del pueblo de Dios nos salva de la tentación de querer ocupar todos los espacios, y especialmente un lugar que no nos corresponde: el del Señor. Sólo Dios es capaz de la totalidad, sólo Él es capaz de la totalidad de un amor exclusivo y no excluyente al mismo tiempo. Nuestra misión es y será siempre misión compartida … La conciencia de tener llagas nos libera de volvernos autorreferenciales, de creernos superiores … [3]

Solidaridad

El Papa Francisco nos habla del Santo Pueblo fiel de Dios, al que todos pertenecemos por el don recibido en nuestro bautismo. Esto es lo que nos une, que es mucho más fuerte que cualquier diferencia. Obispos, sacerdotes, consagrados, fieles laicos … hombres y mujeres … todos conformamos este Santo Pueblo fiel de Dios … con igual dignidad … aunque en una maravillosa diversidad … Reconocernos miembros de este pueblo que peregrina hacia la Casa del Padre nos hace tomar conciencia que no nos salvamos solos, que necesitamos a los demás en esta peregrinación … y que los demás también necesitan de nosotros … El valor de la solidaridad … se trata de una humildad solidaria … porque al mirarse cada uno en verdad, tal cual es, no nos escondemos unos de otros por vergüenza, sino que nos dejamos ayudar … y ayudamos …

Con Ustedes se podrán dar los pasos necesarios para una renovación y conversión eclesial que sea sana y a largo plazo. Con Ustedes se podrá generar la transformación necesaria que tanto se necesita. Sin Ustedes no se puede hacer nada. Exhorto a todo el Santo Pueblo fiel de Dios que vive en Chile a no tener miedo de involucrarse y caminar impulsado por el Espíritu en la búsqueda de una Iglesia cada día más sinodal, profética y esperanzadora; menos abusiva porque sabe poner a Jesús en el centro, en el hambriento, en el preso, en el migrante, en el abusado.[4]

Encontrarnos

Hace pocas semanas tuvimos el Sínodo Arquidiocesano de Santiago[5]. Más que los temas que se trataron y se votaron, y demás pormenores que se han transmitido y compartido suficientemente a través de distintas instancias, me quedo con un aspecto muy valioso que, a mi entender, dio un profundo sentido a ese acontecimiento eclesial: fue una gran oportunidad para encontrarse, conocerse, estrecharse las manos, conversar, verse las caras … Y me pareció quedó en evidencia cuánta necesidad tenemos de otras instancias como esa, donde quienes formamos parte del Santo Pueblo fiel de Dios que peregrina en Santiago nos encontremos y conozcamos personalmente … Porque ahí quedó de manifiesto la diversidad, y de lo mucho que esa diversidad tantas veces nos tiende a encerrar en espacios estancos dentro del Santo Pueblo fiel de Dios … como sucede en nuestra sociedad chilena más en general … Tomar conciencia que el bautismo que nos hace parte de la Iglesia es algo más grande que cualquier diferencia que podamos tener … y es un inmejorable punto de partida para buscar encontrarnos y trabajar por la paz y la fraternidad en nuestra patria …

Escucharnos

Este último tiempo, es tiempo de escucha y discernimientoquisiera detenerme en la palabra “escucha”, ya que discernir supone aprender a escuchar lo que el Espíritu quiere decirnosCreo que aquí reside una de nuestras principales faltas y omisión: el no saber escuchar a las víctimas. Así se construyeron conclusiones parciales a las que le faltaban elementos cruciales para un sano y claro discernimientoCon vergüenza debo decir que no supimos escuchar y reaccionar a tiempo.[6]

Desde la humildad de lo que cada uno es, con sus fortalezas agradecidas y con sus debilidades asumidas, podemos entonces caminar en solidaridad con otros, aceptando que necesitamos a los demás, y aceptando que los demás nos necesiten. Buscando esas oportunidades para encontrarnos, conocernos y escucharnos. Pero siendo conscientes también que el infierno está sembrado de buenas intenciones, nos acercamos a Jesús como Nicodemo, y le preguntamos … “¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?” (ver Jn 3, 4) … Y Jesús nos responde, como a Nicodemo: … “El que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3. 4-5)Esa comunión que buscamos … no es otra cosa, en definitiva, que aspirar a vivir ya aquí el Reino de Dios …

 

El servicio de la autoridad

A Pedro y a los demás apóstoles les costó entender que Jesús quería instituir un nuevo tipo de autoridad … donde el que la ha recibido no busca ser servido sino servir … Y como lo nuevo entra más por el ejemplo que por las palabras, aún cuando sean dichas por el mismo Jesús, en la última cena, antes de su pasión y muerte, él realizó ese gesto que ritualmente repetimos cada jueves santo … se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla se la ciñó. Luego echa agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los discípulos (ver Jn 13, 3-5) … Pero aún en ese momento tan sublime Pedro se resistió, y le dice a Jesús: “No me lavarás los pies jamás” … Cuando el Papa Francisco nos habla del clericalismo, como una perversión en el ser eclesial[7], tenemos que reconocer que esta mentalidad no es sólo un riesgo para los miembros del clero sino que también, y muy fuertemente, para los mismos fieles … porque tantas veces es el clericalismo de los fieles el que busca imponer a los sacerdotes un estilo y un modo de ser … como lo intenta hacer Pedro con Jesús en más de una oportunidad … La Iglesia no puede ser sin autoridad, porque esta, instituida por el mismo Jesús, tiene la misión de mantener unido lo que por naturaleza tiende a la dispersión … y lo hace no por imposición ni por conquista, sino por medio de la persuasión … buscando que los fuertes quieran más y los débiles no desfallezcan[8]Así, quien en la Iglesia ha recibido un ministerio de autoridad lo constituye, en primer lugar, en un servidor de la comunión … para lo cual tiene que estar dispuesto a entregar la propia vida … porque “nadie tiene mayor amor, que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13).

Cuando he podido visitar en Roma la basílica de san Pedro siempre me ha llamado la atención esa figura en bronce de San Pedro, sentado, un poco antes de llegar al altar de la Confesión y al imponente baldaquino de Bernini. Ese san Pedro de bronce, de estampa medieval, con las llaves en la mano, y con su pie gastado por la veneración de los peregrinos, que es revestido con ornamentos pontificales y con la tiara cada 22 de febrero. Ese san Pedro que no quería dejarse lavar los pies por el Señor, y que ahora tiene que soportar que todo el mundo se los bese, parece como una paradoja. Varias veces me pregunté, ¿qué pensará san Pedro de todo esto? ¿le gustará? … Me interpretó y me hizo sonreír un poema que encontré por ahí de Rafael Alberti, sobre ese mismo san Pedro en bronce de la basílica de san Pedro … y que cito a continuación para concluir este punto:

Di, Jesucristo, ¿por qué

me besan tanto los pies? 

Soy san Pedro aquí sentado,

en bronce inmovilizado,

no puedo mirar de lado

ni pegar un puntapié,

pues tengo los pies gastados,

Como ves. 

Haz un milagro, Señor.

Déjame bajar al río,

volver a ser pescador,

que es lo mío.

Desde el abuso … hacia una cultura del cuidado …

El Papa Francisco nos urge para generar espacios donde la cultura del abuso y del encubrimiento no sea el esquema dominante, donde no se confunda una actitud crítica y cuestionadora con traición … y nos exhorta a todos los cristianos … para promover lúcida y estratégicamente una cultura del cuidado y protección[9]. En esta reflexión yo quisiera sumarme a ese “puntapié inicial” del Papa y, tomando los evangelios, mirar los actos de Jesús y prestar mucha atención a su enseñanza, porque, si nos fijamos bien, descubriremos que en realidad ese “puntapié inicial” ya lo había dado Jesús hace dos mil años, y con maestría … pero algo pasó que la pelota no ha marcado los goles que uno hubiera deseado. Tomaré algunos textos de los muchos que podemos encontrar en los evangelios para mostrar que la doctrina de los evangelios sigue siendo para nosotros los cristianos la mejor estrategia para desenmascarar el abuso y promover el cuidado de las personas en la Iglesia y en la sociedad … haciéndonos ecos de eso que nos dice el salmo 126 … “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas” …

En su vida terrena el mismo Jesús ha sido cuidado, y quizás por eso mismo él supo hacerlo con los demás de una manera tan delicadamente humana … ¿o divina? … Cuando estaba aún gestándose en el seno de María, José aceptó ser su padre y cuidar de él y de su madre, aunque las condiciones, según sabemos, no eran para nada convencionales … y ¡de qué manera tan comprometida José asumió esa responsabilidad! … Particularmente el evangelista san Lucas nos señala cómo Jesús, ya en su vida adulta, se dejaba cuidar por esas mujeres que lo acompañaban cuando iba proclamando y anunciando por ciudades y pueblos la Buena Nueva del Reino de Dios … y que además le servían con sus bienes ( ver Lc 8, 1-3) … o en la casa de Marta, su gran amiga, que junto a su hermana María le recibían en su casa, podemos imaginar que frecuentemente … El cuidado y el cariño que le brindó su madre durante toda su vida me gusta asociarlo a esa túnica sin costura, tejida de una pieza de arriba abajo, que atrajo tanto el interés de los soldados que lo desnudaban para crucificarlo, al punto que deciden no romperla sino que echarla a suerte para ver a quién le tocaba (ver Jn 19, 23-24) … Y, finalmente, cuando muere en la cruz, Jesús sigue siendo cuidado por esos amigos entrañables y fieles, Nicodemo y José de Arimatea, que piden a Pilato les permita hacerse cargo de su cuerpo ya sin vida para darle una sepultura digna según los ritos que se acostumbraban entre los judíos (ver Jn 19, 38-42) … Jesús fue bien cuidado, desde el momento de su concepción hasta el de su muerte y sepultura, por quienes lo amaban … Ahora veamos cómo nos enseña Jesús a velar y cuidar los unos por los otros …

Un hombre sabio de Israel se acercó a Jesús para preguntarle cuál era el más importante de todos los mandamientos, y él le respondió sin vacilación … “El primero es: Escucha Israel: el Señor nuestro Dios, es el único Señor, y amarás al Señor, tu Dios, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que estos” (Mc 12, 28-31) … En el tiempo de Jesús, la cultura religiosa había ido subrayando tanto la afirmación de Dios y de la Ley que el cuidado del hombre había sido desplazado a un plano secundario. Por esto mismo, al responder Jesús a ese magistrado judío está dando un enfoque novedoso: sin descuidar la centralidad de Dios en la vida del pueblo, se debe también incorporar el cuidado de los hombres … porque en definitiva son como dos caras de la misma moneda … En el fondo, esa piedad judía que interpretaba la Ley con una escrupulosidad y literalidad tal que corría el riesgo de ahogar la vida cotidiana, podía también llevar a una suerte de idolatría encubierta, falseando el verdadero rostro de Dios … y, obviamente, quien más salía perjudicado era el hombre mismo, porque los ídolos no aman, sino que exigen solamente ofrendas y sacrificios para satisfacer su insaciable voracidad narcisista …

Esta escrupulosa centralidad de Dios en la religiosidad judía del tiempo de Jesús no dejaba de tener sus contradicciones, y una de ellas era lo que sucedía precisamente en torno al templo de Jerusalén … “Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo … y dijo a los que vendían palomas: “Quitad esto de aquí. No hagan de la Casa de mi Padre una casa de mercado” (Jn 2, 13-17) … Jesús no vino a eliminar los mandamientos de la ley ni la enseñanza de los profetas, ni tampoco el culto en el templo … sino que vino a restaurar el verdadero culto, y vino a dar el pleno cumplimiento a la Ley poniendo la atención en eso que se había descuidado, es decir, el valor de la persona humana … porque el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado (ver Mc 2, 27)… Y no sólo el precepto del descanso del día sábado, sino todos los mandamientos de la Ley han sido instituidos por Dios para el bien de los hombres … porque la gloria de Dios es la vida del hombre

La atención a los más pequeños es algo novedoso en el mensaje de Jesús, con respecto a la cultura de su época … Cuando le presentaban unos niños para que los tocara, eran los mismos discípulos quienes los reñían e intentaban impedírselo, ante lo cual Jesús se enfadó y les dijo: Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque de los que son como ellos es el Reino de Dios ( ver Mc 10, 13-16) … El evangelio nos muestra cómo Jesús abrazaba a los niños y los bendecía, poniendo las manos sobre ellos, y afirmando que “el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él” … El cuidado de los niños, por ejemplo, no parecía ser algo que para el rey Herodes contara mucho, pues no duda en hace asesinar a todos los niños pequeños de Belén y sus alrededores porque él sentía como una amenaza para su poder la posibilidad de que alguno de ellos pudiera disputarle su trono en el futuro (ver Mt 2, 13-18).

 

En la parábola del trigo y de la cizaña ( ver Mt 13, 24-30), vemos cómo ese hombre que había plantado en su campo semilla buena, al sentirse un tanto desconcertado por la aparición de la cizaña, sin embargo toma la decisión de no arrancarla, por la sencilla razón de que “no sea que al recoger a cizaña arranquen a la vez el trigo. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la siega, y al tiempo de la siega, diré a los segadores: “Recojan primero la cizaña y atenla en gavillas para quemarla, y el trigo recójanlo en mi granero” … Esta cultura del cuidado implica que muchas veces se tiene que aceptar que buscar lo perfecto, a veces, puede acarrear algo peor, y que conviene esperar, con paciencia, el momento oportuno, para que lo malo pueda ser enderezado o, si no queda otra posibilidad, apartado de lo bueno … No es fácil, la mayoría de las veces, esta convivencia entre el “trigo y la cizaña” en una persona, en una comunidad, en la sociedad … cómo nos resistimos a tener tolerancia “no cero” de lo que percibimos poco favorable en nosotros y en los demás, y por imprudente impaciencia corremos el riesgo de que por intentar raspar demasiado el recipiente lo rompamos …

En la parábola de los obreros de la viña ( ver Mt 20, 1-16) nos encontremos con ese original propietario que salía a distintas horas del día a contratar trabajadores para su viña. Da la impresión que a ese dueño de fundo no le importaba tanto el trabajo productivo de su viña, sino que más bien le interesaban los mismos obreros, al punto que no podía quedarse tranquilo sabiendo que alguno se hubiera quedado en la plaza del pueblo sin ser contratado. Y serán los mismos obreros que habían sido contratados en las primeras horas del día quienes se encarguen de enjuiciar a ese patrón excesivamente bondadoso, demasiado filántropo, por la sencilla razón de que se les pagaba lo mismo que a quienes se habían incorporado al último. A uno de esos protestones le dirá: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno? … En el Reino de los Cielos la justicia de Dios no se ajusta según la murmuración de los envidiosos sino por el cuidado de los más débiles …

En el evangelio de la mujer adúltera ( ver Jn 8, 1-11) la delicadeza que demuestra Jesús por esa mujer, a quien quiere salvar de la lapidación, lo hace desplegar una audacia original, demostrando un buen manejo de los “resortes” interiores del alma humana. Él desafía en silencio a esos escribas y fariseos que, seguramente, le habían tendido también una trampa a esa mujer, para poder presentarla como una adúltera ante Jesús. Ese silencio del Señor parece poner nerviosos a esos hombres, y ante su provocadora insistencia se ve obligado a responderles: “Aquel de ustedes que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” … y el texto nos dice que al oír estas palabras, ellos se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos … Al quedar Jesús solo con la mujer que, humillada, seguía ahí en medio como ensimismada, intenta levantarla diciéndole: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más” …

El cuidado de otros es posible cuando se tiene conciencia de que uno no es el centro, sino que simplemente ha sido enviado por delante para preparar un camino (ver Jn 3, 25-30) … Para cuidar de otros se tiene que tener la capacidad de, llegado el momento, ponerse entre paréntesis y reconocer que es preciso que él crezca y que yo disminuya … dejando entonces el espacio para la libertad de quien se pretender cuidar … En la parábola del hijo pródigo (ver Lc 15, 11-32) el mismo Jesús nos señala, en la figura de ese padre con entrañas de misericordia, cómo tenemos que dejar partir a esa personas que queremos, aún cuando no nos quede del todo claro que el camino que están emprendiendo sea verdaderamente lo mejor … porque, en la misma parábola, está la figura de ese otro hijo que nunca corre el riesgo de partir y de alejarse de la casa paterna, pero que sin embargo su corazón se fue endureciendo en el ejercicio de una obediencia desprovista de un auténtico espíritu filial …

En fin, yo me pregunto cómo es posible acceder a esa libertad que muestra y enseña Jesús con respecto a los demás, que le permite al mismo tiempo amarlos y cuidarlos, pero sin dejar por eso de respetar esos espacios de libertad indispensables en toda relación … Tengo la impresión de que la clave está en ese vínculo tan fuerte y arraigado que él tiene con Dios, su Padre … que le permite dormirse profundamente en esa barca que está a punto de sucumbir (ver Mc 4, 35-41) … o que, en la cruz, antes de expirar, pueda hacer voluntariamente ofrenda de su dolor y de su vida dirigiendo toda su atención al Padre diciéndole “Padre, en tus manos pongo mi espíritu” (ver Lc 23, 46) … Toda esa fuerza que emanaba de la persona de Jesús ¿no provenía de esa certeza interior de ser amado, sostenido y cuidado por su Padre del Cielo? … Ese Padre que a la orilla del Jordán lo había apañado cuando dijo: “Este es mi hijo amado, en quien me complazco” (ver Mt 3, 17).

 

La Iglesia, una comunidad siempre en camino …

El Papa Francisco ha publicado este año una exhortación apostólica sobre la santidad en el mundo actual. Desde esta perspectiva somos invitados a mirar el futuro de la Iglesia porque … en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos [10]Sin embargo, no podemos olvidar que la Iglesia siempre estará conformada por pecadores en camino de conversión … y que tenemos que dejar de lado ese puritanismo que no es cristiano, donde se olvida que también los ministros ordenados son pecadores, pero no son corruptos si es que se empeñan verdaderamente en un camino de conversión … Vale la pena recordar aquí a León Bloy, ese teólogo de la miseria humana, cuando escribe en su diario que “desde hace más de treinta años oigo misas oficiadas por sacerdotes para mí desconocidos y me confieso con otros que ignoro si son santos o asesinos. ¿Por qué he de cometer la tontería de pretender averiguarlo? ¿Soy juez de ellos, acaso? Me basta saber que la Iglesia es divina … El sacerdote católico tiene tal investidura, que si es indigno, más resplandece la sublimidad de su orden. … ¿Cómo no comprender esta Belleza infinita?”[11]

 

Para concluir estas reflexiones sobre la Iglesia, que no tienen otra pretensión que animar a nuestro santo pueblo fiel de Dios que peregrina en Chile, recurro a nuestro querido y recordado Benedicto XVI. Simplemente cito palabras suyas que pronunció en el año 1969, cuando era aún un joven sacerdote y teólogo, e intentaba también animar al santo pueblo fiel de Dios que peregrinaba en Alemania en esos turbulentos años de finales de la década de 1960, cuando también se miraba el futuro de la Iglesia con un gran signo de interrogación. Decía así ese joven Joseph Ratzinger …

“El futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí mismos como medida infalible. Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado, tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos … (El futuro de la Iglesia vendrá) por quienes pueden ver más que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios. La gratuidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo … Si hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia, anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos estamos todos! … Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte. De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.”[12]

 

 

[1] Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 de mayo 2018)

[2] Carta confidencial del Papa Francisco a Obispos de Chile (15 de mayo 2018)

[3] Carta confidencial del Papa Francisco a Obispos de Chile (15 de mayo 2018)

[4] Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 de mayo 2018)

[5] Desde el 19 al 21 de mayo de 2018.

[6] Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 de mayo 2018)

[7] Carta confidencial del Papa Francisco a Obispos de Chile (15 de mayo 2018)

[8] De la Regla de San Benito

[9] Carta del Papa Francisco al Pueblo de Dios que peregrina en Chile (31 de mayo 2018)

[10] Carta confidencial del Papa Francisco a Obispos de Chile (15 de mayo 2018)

[11] León Bloy, un texto de “Mi diario” extraída de la carta a un matemático (6 de julio de 1899) …

[12] Joseph Ratzinger, “Fe y futuro”, Ed. Desclee de Brouwer (año 1971). Cita tomada del capítulo V …

Publicado por Juan Manuel Sayago

Psicólogo Clínico - Teólogo

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